Los diálogos de Platón: cuáles son, de qué tratan y por dónde empezar
En resumen. Platón escribió unos treinta diálogos. Cuáles son, de qué trata cada uno, cómo se ordenan en juventud, madurez y vejez, y por cuál conviene empezar a leer.
Platón no escribió un solo tratado. Toda su obra — unos treinta diálogos y un puñado de cartas — está en forma de conversación: personajes con nombre, en un lugar y un día concretos, que discuten hasta donde el argumento los lleva, y a veces hasta donde no los lleva. Es la única obra completa de un filósofo griego que ha llegado intacta hasta nosotros, y la forma no es un adorno: es parte de la doctrina.
¿Por qué escribió diálogos?
Porque desconfiaba de la escritura. En el Fedro (275d), Sócrates compara los textos con las pinturas: parecen vivos, pero si les preguntas, callan; repiten siempre lo mismo y no saben defenderse. Y en la Carta VII (341c) Platón afirma que lo más importante de su filosofía no lo ha escrito ni lo escribirá, porque no es cosa que pueda decirse como otras, sino que “brota de pronto en el alma” tras mucho convivir con el problema.
El diálogo es la solución de compromiso: un texto que imita la conversación viva, que obliga al lector a seguir un argumento paso a paso — y a discrepar. Sócrates casi nunca dice “así es”; pregunta. El lector es el siguiente interrogado.
¿Cómo se ordenan?
La cronología exacta se discute, pero hay consenso en tres periodos.
Diálogos de juventud (socráticos). Cortos, centrados en definir una virtud, y casi siempre terminan sin respuesta (aporía). Retratan al Sócrates histórico y su método, la mayéutica:
- Apología — el juicio de Sócrates. Por aquí se empieza.
- Critón — por qué Sócrates no huye de la cárcel.
- Eutifrón — ¿es piadoso lo que aman los dioses, o lo aman porque es piadoso?
- Laques (el valor), Cármides (la templanza), Lisis (la amistad), Ion (la inspiración poética), Hipias menor, Hipias mayor (la belleza).
- Protágoras — ¿puede enseñarse la virtud? Un duelo con el mayor de los sofistas.
- Gorgias — retórica contra filosofía; el diálogo más furioso de Platón.
Diálogos de madurez. Sócrates sigue siendo el protagonista, pero ahora expone doctrinas propias de Platón:
- Menón — la virtud, y la demostración de que aprender es recordar.
- Fedón — la muerte de Sócrates y cuatro argumentos sobre la inmortalidad del alma.
- Banquete — siete discursos sobre el amor; la escalera hacia la Belleza.
- Fedro — el amor otra vez, el carro alado y la crítica de la escritura.
- República — la justicia, el estado ideal, el alma tripartita, el mito de la caverna. La obra central.
- Crátilo — el lenguaje: ¿los nombres son naturales o convencionales?
Diálogos de vejez. Más técnicos, más autocríticos, y Sócrates se retira a un segundo plano o desaparece:
- Parménides — Platón somete su propia teoría de las Ideas a las objeciones más duras que nadie le ha hecho.
- Teeteto — ¿qué es el conocimiento? Tres definiciones, ninguna sobrevive.
- Sofista y Político — el método de división; qué es el no-ser.
- Filebo — placer contra conocimiento en la vida buena.
- Timeo — el origen del cosmos y el demiurgo.
- Critias — la Atlántida (inacabado).
- Leyes — el estado “segundo mejor”, su obra más larga y la última.
¿Por cuál empezar?
Por la Apología. Es corta, es un discurso y no un diálogo (más fácil de seguir), y presenta al personaje sin el que nada de lo demás se entiende. Después el Critón y el Eutifrón, que se leen en una hora cada uno. Con eso ya se sabe cómo argumenta Sócrates.
Luego, un salto: el libro I de la República — Sócrates contra Trasímaco — o el Banquete entero, que es el diálogo más disfrutable. Y solo entonces la República completa, que es larga y exige haber cogido el ritmo.
Lo que no conviene hacer: empezar por el Parménides o el Sofista, que están escritos para lectores que ya conocen la doctrina y quieren verla puesta a prueba.
¿Son todos auténticos?
No. El corpus antiguo transmite 36 obras en nueve tetralogías, ordenadas por Trasilo en el siglo I. De ellas, unas veinticinco son de autoría indiscutida; media docena — Alcibíades I, Hipias mayor, Epínomis, Clitofonte — se discuten; y varias (Minos, Teages, Rivales) se consideran apócrifas. Las cartas, salvo quizá la Séptima, tampoco son de Platón.
En una frase
Los diálogos de Platón son la filosofía escrita como teatro: treinta conversaciones que van desde el Sócrates que solo pregunta hasta el Platón viejo que discute consigo mismo — y que, por diseño, nunca dan al lector la respuesta sin hacerle antes el trabajo.