Plato IntelligenceEssays on Plato

Core Ideas

La libertad según Platón: por qué no es hacer lo que uno quiere

En resumen. Para Platón la libertad no es hacer lo que uno quiere, sino gobernarse a sí mismo. Aquí está su argumento: la crítica a la democracia, el tirano esclavo y el mito de Er.

Para Platón, la libertad no consiste en hacer lo que uno quiere. Consiste en gobernarse a sí mismo: que la razón mande sobre los deseos, y no al revés. Quien obedece a cada apetito que aparece no es libre aunque nadie se lo impida —es esclavo de un amo que lleva dentro—. El griego dice eleuthería, “libertad”, pero el argumento de Platón gira en torno a otra palabra: enkráteia, el dominio de sí.

Es una definición deliberadamente polémica. La Atenas de Platón se enorgullecía de ser la ciudad más libre de Grecia, y Platón sostiene que esa libertad, entendida como ausencia de límites, se destruye a sí misma. Su argumento ocupa buena parte de los libros VIII y IX de la República.

La paradoja democrática: la libertad sin límites produce esclavitud

Platón describe la ciudad democrática como la más atractiva de todas: está “llena de libertad y de franqueza”, y cada cual vive en ella como le parece (557b). Esa variedad la hace hermosa, admite, como un manto bordado de todos los colores.

El problema aparece cuando la libertad se convierte en el único criterio. En 562b–563e describe la pendiente: se llama “vergonzosa servidumbre” a toda autoridad, los padres temen a los hijos, los maestros adulan a los alumnos, y al final —la exageración es de Platón— hasta los animales caminan por la calle como si fueran libres. Una ciudad así ya no tolera que nadie mande, y en ese vacío la conclusión llega en una sola frase (564a):

El exceso de libertad, tanto en el individuo como en la ciudad, no parece transformarse en otra cosa que en exceso de esclavitud.

República 564a · traducción propia

El mecanismo es concreto. Donde ninguna autoridad es legítima, prospera el demagogo que halaga los deseos del pueblo; y el demagogo sin freno se convierte en tirano. Para Platón la tiranía no es lo contrario de la democracia sin límites: es su hijo.

La distinción que sostiene todo el argumento es la que existe entre libertad y libertinaje. Hacer lo que uno quiere solo es libertad si uno gobierna sus propios quereres. Si no los gobierna, es obediencia —a los deseos— con apariencia de soberanía.

El tirano: el hombre menos libre que existe

La prueba de la definición platónica está en su caso extremo. El tirano puede hacer literalmente lo que quiera: nadie en la ciudad puede impedírselo. Según la idea corriente de libertad, debería ser el hombre más libre del mundo.

Platón sostiene lo contrario (577d–e): el alma del tirano está “llena de esclavitud”, y el tirano es quien menos hace lo que de verdad quiere. Gobernado por la parte apetitiva de su alma —por deseos que crecen cuanto más se alimentan—, vive con miedo, sin amigos y sin descanso, arrastrado de un apetito al siguiente. Tiene todo el poder externo y ningún poder sobre sí mismo.

El ejemplo hace visible la tesis: si el hombre que puede hacerlo todo es el menos libre, entonces la libertad no puede consistir en poder hacerlo todo. Tiene que consistir en otra cosa: en el orden interno del que quiere.

Gobernarse a sí mismo: la respuesta del Gorgias

En el Gorgias, Calicles defiende con franqueza la posición contraria: la vida buena consiste en dejar que los deseos crezcan lo más posible y tener el coraje de satisfacerlos. Sócrates le pregunta por algo que a Calicles ni siquiera le parece una pregunta (491d):

¿Cómo puede ser feliz un hombre que es esclavo de algo? […] Que cada uno se gobierne a sí mismo, siendo dueño de los placeres y deseos que hay en él.

Gorgias 491d–e · traducción propia

Ahí está la definición positiva. Ser libre es ser dueño de casa en la propia alma: que las tres partes que Platón distingue —razón, ánimo y apetito— hagan cada una lo suyo, con la razón al mando. No porque el deseo sea malo, sino porque el deseo no delibera. La libertad platónica es una forma de orden, no una ausencia de gobierno.

La caverna: liberarse es aprender

Que la palabra central del mito de la caverna sea “liberación” no es casual. Platón describe el momento decisivo como el instante en que a un prisionero “se le libera de las cadenas” (515c) y se le obliga —el verbo es de Platón— a volverse hacia la luz.

Dos detalles importan. Primero, el prisionero no rompe sus cadenas: no sabe que las lleva. La ignorancia no se siente como cárcel; esa es precisamente su fuerza. Segundo, la liberación duele: el fuego ciega, la subida es áspera, y el liberado querría volver a las sombras. Para Platón, liberarse no es un acto sino un aprendizaje —el largo camino de la opinión al conocimiento—, y por eso la educación, no la ausencia de amos, es el instrumento real de la libertad.

El mito de Er: la libertad como elección y responsabilidad

¿Y no está todo determinado? La respuesta más directa de Platón cierra la República. En el mito de Er, las almas eligen su próxima vida antes de nacer, y el portavoz de las Parcas lo anuncia con la frase más rotunda que Platón escribió sobre este tema (617e):

La virtud no tiene dueño; cada uno tendrá más o menos de ella según la honre o la desprecie. La responsabilidad es del que elige; el dios está libre de culpa.

República 617e · traducción propia

Hay circunstancias que no elegimos —la primera alma del mito escoge, con prisa y sin examen, la vida de un tirano, y se lamenta después—. Pero el uso que hacemos de lo que nos toca, sostiene Platón, es nuestro. La libertad no está en el reparto de las vidas sino en la calidad de la elección, y la calidad de la elección depende de lo aprendido: el mito devuelve al lector, una vez más, a la filosofía como entrenamiento para elegir bien.

¿Era Platón un enemigo de la libertad?

La crítica moderna más conocida —Karl Popper la formuló en La sociedad abierta y sus enemigos— acusa a Platón de fundar el autoritarismo: si solo el sabio es libre, el sabio puede gobernar a los demás sin contar con ellos, y la República diseña exactamente eso. La objeción es seria y no conviene despacharla.

La respuesta platónica sería que la objeción confunde los dos sentidos de libertad que su argumento separa. Platón no niega el valor de elegir: niega que elegir sin conocimiento sea ya libertad. Se puede aceptar su análisis del tirano —que el poder sin autodominio es esclavitud— sin aceptar su receta política. De hecho, buena parte de la filosofía posterior hizo precisamente eso: la distinción entre la libertad como ausencia de obstáculos y la libertad como autogobierno reaparece en los estoicos, en Rousseau y en Kant, y sigue siendo el eje del debate contemporáneo entre libertad negativa y positiva.

En una frase

Para Platón, libre no es quien puede hacer lo que quiere, sino quien quiere lo que la razón aprueba: el que se gobierna a sí mismo. Todo lo demás —la crítica a la democracia, el retrato del tirano, la caverna, el mito de Er— es el despliegue de esa única idea.


Nota sobre las citas: las traducciones que aparecen aquí son propias, no proceden de una edición publicada. Para citar en un trabajo académico conviene remitirse a una edición crítica —en español, la de Editorial Gredos— usando la numeración Stephanus (557b, 617e), que es la misma en todas las ediciones.