Aristóteles y Platón: diferencias, semejanzas y en qué discreparon
En resumen. Aristóteles fue veinte años discípulo de Platón y pasó el resto de su vida discutiéndole. Sus diferencias en las Ideas, el conocimiento, el alma, la ética y la política — y lo que siguieron compartiendo.
Aristóteles (384–322 a. C.) entró en la Academia de Platón a los diecisiete años y se quedó veinte, hasta la muerte del maestro. Después fundó su propia escuela, el Liceo, y dedicó buena parte de su obra a explicar en qué se había equivocado Platón. La relación entre ambos es la más productiva de la historia de la filosofía: casi todo lo que vino después es una forma de elegir entre los dos. Rafael lo pintó en un solo gesto: en La escuela de Atenas, Platón señala al cielo y Aristóteles a la tierra.
El gesto es exacto. Aquí está el detalle.
¿En qué coincidían?
Más de lo que se suele decir. Los dos creen que hay verdades objetivas que la razón puede alcanzar — contra los sofistas, que lo negaban. Los dos creen que el conocimiento verdadero es de lo universal (no de este caballo, sino de lo que es un caballo). Los dos sostienen que la vida buena es la vida de la virtud y que la felicidad no consiste en el placer. Los dos son teleólogos: piensan que las cosas tienen un fin y que entender algo es entender para qué es. Y los dos desconfían de la democracia.
Las diferencias están en cómo se llega a todo eso.
Las Ideas: separadas o dentro de las cosas
Es la discrepancia madre. Para Platón, las Ideas existen aparte de las cosas sensibles: la Belleza es una realidad eterna de la que las cosas bellas son copias imperfectas. Aristóteles cuenta (Metafísica 987b) que Platón llegó ahí por Heráclito: si todo lo sensible fluye, el conocimiento necesita otros objetos, estables.
Aristóteles acepta que hay formas, pero las pone dentro de las cosas. La forma de caballo no está en un cielo inteligible: está en cada caballo, como su estructura, lo que lo hace ser lo que es. Separarla, dice, no explica nada — solo duplica el mundo (Metafísica 990b): a cada cosa le añade una copia eterna, y sigue sin decir cómo la cosa llegó a ser. La “participación” platónica es, para él, una metáfora poética donde se prometía un mecanismo.
El conocimiento: recordar o abstraer
Platón, en el Menón y el Fedón, sostiene que aprender es recordar: el alma conoció las Ideas antes de nacer y los sentidos solo le ayudan a evocarlas. De ahí que los sentidos sean, en el fondo, un obstáculo — sombras en la caverna.
Aristóteles invierte el orden. Todo conocimiento empieza por los sentidos; de muchas percepciones nace la experiencia, y de la experiencia la razón abstrae lo universal. No hay nada en el intelecto que no haya pasado antes por los sentidos, dirá la escolástica resumiéndolo. Por eso Aristóteles disecó animales y catalogó constituciones, y Platón no.
El alma: prisionera o forma del cuerpo
Para Platón el alma es una sustancia inmortal alojada temporalmente en un cuerpo que la estorba — la muerte es una liberación, y el alma tiene partes en conflicto (razón, ánimo y apetito).
Para Aristóteles el alma es la forma del cuerpo vivo (Acerca del alma 412a): lo que hace que un cuerpo esté vivo, como la vista es la forma del ojo. No puede existir separada, igual que la vista no existe sin ojo. Solo el intelecto, misteriosamente, podría ser inmortal — y Aristóteles deja el punto en penumbra.
La ética: el Bien o los bienes
Platón funda la ética en una sola Idea, el Bien, que hay que contemplar para vivir bien. Aristóteles responde (Ética a Nicómaco 1096a) con una de sus frases más citadas: aunque Platón sea amigo, hay que preferir la verdad — y el Bien “en sí” no sirve de nada al médico ni al carpintero. Lo bueno se dice de muchas maneras. La virtud no es conocimiento de una Idea sino un hábito adquirido por la práctica, un término medio entre dos vicios, y la felicidad es una vida entera de actividad conforme a la virtud, no un estado del alma.
La política: la ciudad ideal o la ciudad posible
Platón diseña en la República un estado perfecto gobernado por filósofos, con comunidad de bienes, mujeres e hijos entre los guardianes (473d). Aristóteles dedica el libro II de la Política a desmontarlo (1261a): una ciudad demasiado unificada deja de ser una ciudad; lo que es de todos no lo cuida nadie; y la propiedad privada, bien regulada, produce más virtud que su abolición. Su método es distinto: en lugar de imaginar la mejor ciudad, reunió 158 constituciones reales y preguntó cuál funcionaba.
¿Quién tenía razón?
Depende de la época. La Edad Media fue aristotélica; el Renacimiento redescubrió a Platón; la ciencia moderna tomó de Aristóteles la observación y de Platón la matemática. Whitehead dijo que la filosofía europea es una serie de notas a pie de página a Platón; podría haber dicho que el aparato crítico lo puso Aristóteles.
Lo cierto es que discreparon sobre casi todo salvo lo más importante: que la pregunta por lo que las cosas son de verdad tiene respuesta, y que vale la pena una vida buscarla. En eso Aristóteles fue, hasta el final, discípulo de Platón.