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¿Quién fue Platón? Vida, obra e ideas del filósofo ateniense

Ilustración neoclásica de Platón enseñando en el jardín de la Academia, rodeado de discípulos

En resumen. Platón fue un filósofo ateniense (c. 427–347 a. C.), discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, autor de los diálogos y fundador de la Academia. Su vida y sus ideas, explicadas.

Platón (Atenas, c. 427 – 347 a. C.) fue un filósofo griego, discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, autor de los diálogos que fundaron buena parte de la filosofía occidental y fundador de la Academia, la primera institución estable de educación superior de Europa. Si la filosofía europea es, como se ha dicho, una serie de notas a pie de página, las notas son a sus páginas.

Pero la ficha biográfica no explica por qué seguimos leyéndolo. Lo que sigue intenta las dos cosas: los hechos de la vida y el mapa de las ideas.

La vida: un aristócrata al que la política se le volvió filosofía

Platón nació en una de las familias más nobles de Atenas — por parte de padre se decía descendiente del rey Codro; por parte de madre, emparentado con Solón el legislador. Su nombre de nacimiento pudo ser Aristocles; “Platón” (de platýs, “ancho”) habría sido un apodo, quizá por la anchura de sus hombros.

Todo lo preparaba para la política. Dos cosas lo desviaron. La primera fue Sócrates, a quien conoció de joven y siguió durante años: un hombre que no escribió nada, no cobraba y se limitaba a hacer preguntas que nadie sabía responder. La segunda fue lo que Atenas le hizo a ese hombre: en 399 a. C., la democracia restaurada juzgó a Sócrates por impiedad y corromper a los jóvenes, y lo condenó a beber la cicuta.

En la Carta VII (324b–326a), Platón —o alguien que lo conocía muy bien— cuenta el desencanto: primero con la tiranía de los Treinta, en la que participaban parientes suyos, y después con la democracia que mató “al más justo de los hombres de su tiempo”. La conclusión que extrajo no fue abandonar la política sino refundarla: los males de las ciudades no cesarán hasta que gobiernen los filósofos o filosofen los gobernantes (República 473d).

Viajó — Megara, quizá Egipto, y con seguridad el sur de Italia y Sicilia, donde conoció a los pitagóricos y lo enredó tres veces la política de Siracusa, la última casi a costa de su libertad. Hacia 387 a. C. fundó en Atenas la Academia, donde enseñó hasta su muerte. Su alumno más célebre, Aristóteles, pasó allí veinte años.

La obra: filosofía escrita como teatro

Platón no escribió tratados: escribió diálogos, unas treinta obras donde Sócrates —casi siempre— conversa, pregunta y desmonta las certezas de sus interlocutores. La filosofía llega como drama, con personajes y apuestas, y el lector no recibe doctrina: presencia una discusión.

Suelen ordenarse en tres periodos. Los diálogos de juventud (Apología, Critón, Eutifrón) retratan al Sócrates histórico y su método de preguntas — la mayéutica — y suelen terminar sin respuesta. Los de madurez (Fedón, Banquete, Fedro, República) exponen las grandes doctrinas propias: las Ideas, el alma inmortal, el amor como ascenso, la ciudad justa. Los de vejez (Teeteto, Parménides, Sofista, Leyes) son más técnicos y más autocríticos: Platón discutiendo con Platón.

Las ideas principales, en cinco movimientos

La teoría de las Ideas. Lo más real no son las cosas que vemos sino los modelos eternos que las cosas copian: el mundo de las Ideas. Una cama es cama por participar de la Idea de cama; un acto es justo por participar de la Justicia. Conocer de verdad es conocer esos modelos, no sus copias.

El mito de la caverna. Su imagen más famosa (República 514a): prisioneros que toman las sombras por la realidad, y el doloroso ascenso de uno de ellos hacia la luz. Es su teoría del conocimiento y de la educación condensada en una escena.

El alma tripartita e inmortal. El alma tiene tres partes — razón, ánimo y apetito — y la justicia interior consiste en que cada una haga lo suyo bajo el gobierno de la razón. Además, el alma no muere: el Fedón dedica cuatro argumentos a su inmortalidad.

La ciudad justa. La República diseña un estado de tres clases que reflejan las tres partes del alma, gobernado por filósofos. De ahí sale también su crítica de la democracia y su idea de la libertad como gobierno de uno mismo.

El saber que empieza por no saber. De Sócrates heredó el punto de partida: la sabiduría comienza reconociendo la propia ignorancia — el famoso “solo sé que no sé nada” (Apología 21d) — y avanza preguntando, no recitando.

Por qué sigue importando

Platón murió en 347 a. C. y no ha dejado de leerse ni un siglo desde entonces. El platonismo formó a Plotino y, a través de Agustín, a la teología cristiana; su distinción entre apariencia y realidad sigue debajo de cada debate sobre la verdad; su crítica de la democracia se relee con incomodidad cada vez que una democracia se tambalea; y sus preguntas — ¿qué es la justicia?, ¿qué es conocer?, ¿cómo se debe vivir? — siguen sin respuesta definitiva, que es exactamente como él las dejó a propósito.

Para empezar a leerlo: la Apología primero, que se lee en una tarde; después el Critón y el libro I de la República. Y con las frases que circulan con su nombre, cautela: la mitad no son suyas.