Plato IntelligenceEssays on Plato

En español

El Banquete de Platón: resumen, discursos y la escala del amor

Simposio ateniense con comensales reclinados en divanes, coronas de hiedra y copas de vino

En resumen. Siete atenienses beben y hablan del amor hasta el amanecer. Resumen de los discursos del Banquete, la escala de Diotima y por qué el final con Alcibíades lo cambia todo.

El Banquete (Symposion, “beber juntos”) es el diálogo más leído de Platón después de la República, y el único que se organiza como un juego de sociedad: siete invitados a una cena en casa del poeta Agatón acuerdan que cada uno pronunciará un elogio de Eros — el amor — y beberán con moderación, cosa que casi ninguno cumple.

El resultado es una escalera. Cada discurso corrige al anterior, y el conjunto asciende desde el amor como impulso social hasta el amor como motor del conocimiento — para desembocar, en la última página, en un borracho que echa por tierra la ordenada arquitectura del libro.

Los siete discursos, uno a uno

  1. Fedro (178a–180b): Eros es el dios más antiguo y el mejor maestro de virtud, porque nadie soporta parecer cobarde ante quien ama. Un ejército de amantes sería invencible.
  2. Pausanias (180c–185c): distingue dos Eros — el vulgar, que busca el cuerpo, y el celeste, que busca el alma. Introduce la idea decisiva de que el amor se juzga por su objeto, no por su intensidad.
  3. Erixímaco (185e–188e): el médico generaliza. Eros no es solo cosa humana: es el principio de armonía entre contrarios en la medicina, la música, la astronomía. El discurso es pomposo, y Platón lo deja en ridículo con elegancia.
  4. Aristófanes (189d–193d): el mito más famoso del libro. Los humanos eran esferas de cuatro brazos y cuatro piernas; Zeus los partió en dos por soberbia, y desde entonces cada mitad busca la suya. Amar es buscar lo que nos falta — la definición popular del amor romántico, y la que Platón se dispone a refutar.
  5. Agatón (194e–197e): el anfitrión, poeta trágico, pronuncia un elogio brillante y hueco: Eros es joven, bello, delicado, virtuoso. Sócrates lo felicita y acto seguido lo desarma (199c): si Eros ama la belleza, es que no la tiene — nadie desea lo que ya posee.
  6. Sócrates (201d–212c): cede la palabra. Dice que todo lo que sabe del amor se lo enseñó una sacerdotisa de Mantinea, Diotima.
  7. Alcibíades (215a–222b): irrumpe borracho, coronado de violetas, y en lugar de elogiar a Eros elogia a Sócrates.

Diotima: Eros no es un dios

El corazón filosófico del libro es el discurso que Sócrates pone en boca de Diotima, y empieza con una demolición. Eros no es bello ni bueno; tampoco feo ni malo. Es un intermediario (daímon) entre lo humano y lo divino, hijo de Poros (Recurso) y Penía (Pobreza), y por eso hereda de su madre la carencia y de su padre el ingenio para remediarla (203b).

De ahí se sigue la corrección a Aristófanes. Amar no es buscar la mitad perdida: es desear engendrar en la belleza — dejar algo que sobreviva. La reproducción biológica es la versión más baja de esa aspiración; las leyes, los poemas y las ideas son versiones más altas de lo mismo. Todo amor, dice Diotima, es un intento de inmortalidad.

La escala del amor

La famosa scala amoris (210a–211c) describe el ascenso completo:

  1. Un cuerpo bello concreto.
  2. Todos los cuerpos bellos — se reconoce que la belleza es la misma en muchos.
  3. La belleza de las almas, superior a la de los cuerpos.
  4. La belleza de las leyes y las instituciones.
  5. La belleza de los conocimientos.
  6. La Belleza en sí: eterna, no relativa a nada, no bella en un aspecto y fea en otro (211c).

Cada peldaño no niega el anterior: lo usa de escalón. Es la misma estructura de la salida de la caverna — un ascenso desde lo particular sensible hasta la Idea — pero con el deseo, y no la razón, como fuerza motriz. De aquí procede la expresión amor platónico, y de aquí también su malentendido: Platón no propone un amor sin cuerpo, sino un amor que empieza en el cuerpo y no se queda ahí.

El final que lo desordena todo

Cuando Diotima termina, el libro parece cerrado. Entonces entra Alcibíades: el hombre más guapo, más rico y más prometedor de Atenas, y el que acabaría traicionándola. Borracho, confiesa en público que intentó seducir a Sócrates y fracasó (219c), que Sócrates es el único hombre que le hace sentir vergüenza, y que por dentro —como los silenos de juguetería que se abren— guarda figuras de oro (215a–216a).

El efecto es doble y deliberado. Por un lado, Sócrates queda retratado como quien ya subió la escala: puede pasar la noche junto a la belleza y no tocarla. Por otro, el lector sabe lo que Alcibíades hará después — la expedición a Sicilia, la deserción, la ruina de Atenas. La educación socrática no lo salvó. Platón termina su libro sobre el amor recordando que el mejor maestro puede fracasar con el mejor alumno.

Cómo leerlo

  • Empieza por Aristófanes y Diotima. Son los dos discursos que discuten entre sí, y todo lo demás los rodea.
  • No te saltes el marco narrativo. La historia se cuenta de tercera mano, años después, por alguien que no estuvo. Platón avisa desde la primera página de que esto es memoria, no acta.
  • Léelo junto al Fedro. Es el otro gran diálogo sobre el amor, y allí el mismo impulso aparece como un carro tirado por dos caballos.

En una frase

El Banquete convierte una borrachera ateniense en la mejor teoría antigua del deseo: amar es carecer, y la carencia bien dirigida sube desde un cuerpo hasta la Belleza misma — aunque el propio Platón cierre el libro admitiendo que a veces no sube nadie.